Los móviles pueden servir para evitar las estafas de tipo ‘ore ore’ en las redes sociales

Un truco que vuelve este año por medio de las redes sociales, tras ser común en los servicios de webmail y en las redes de telefonía celular japonesas años atrás, es la denominada estafa ore-ore.

Una persona de Missouri (Estados Unidos) envió al menos 4.000 dólares a un estafador que suplantó a una amiga suya en Facebook.
El estafador accedió a la cuenta de la amiga y mandó a la víctima un mensaje diciendo que se encontraba en una cárcel en Londres y que no tenía dinero.

A pesar de que la propietaria legítima de la cuenta pronto se enteró de que alguien había suplantado su cuenta, no pudo evitar que varios de sus amigos fueran víctimas de la estafa.

Los expertos en seguridad llevan tiempo advirtiendo de que las redes sociales hacen a la gente más vulnerable de una estafa gracias a la atmósfera de confianza que promueven.

De hecho los criminales están intentando ataques por medio de redes sociales que ya no funcionan vía correo electrónico.

Mediante técnicas de phishing y/o de ingeniería social los estafadores piden a una persona que responda con su nombre y contraseña (antes de un servicio de webmail, y ahora de una red social online).

Una vez que proporcionaba su contraseña, la estafa a los amigos comenzaba.

Estos fraudes se remontan años atrás y no requieren el Internet en absoluto. Hace años, los estafadores en Japón robaban teléfonos celulares y llamaban a los familiares de los propietarios, diciendo: “Soy yo, soy yo” (ore, ore, en japonés) – para luego pedir dinero.

El consejo para evitar esto es que si recibe un mensaje de un amigo que le pide que le envíe dinero, hay que tratalo con desconfianza. Y si desea confirmar si realmente está en una situación desesperada o no, pedir un número de teléfono donde se pueda localizar. Al menos, así podrá comprobar si es su voz o no.

Fuente: InternetNews vía Seguridad.UNAM

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La sexualidad de los jóvenes chilenos basa sus referentes en las redes sociales y los móviles

La tendencia del sexting se originó con el envío de frases erótica para luego incorporar el envío de fotos. Poco a poco fue transformándose en una moda peligrosa entre escolares y adultos chilenos.

Flora de la Barra, siquiatra infanto-adolescente de la Clínica La Condes, explica que la llegada de internet ha conducido entre los jóvenes un nuevo tipo de sexualidad furtiva y sobreerotizada, un simple deporte.

“Lo que he visto en los escolares es que las consecuencias se trasladan inmediatamente a su vida emocional, porque los jóvenes que practican esta moda, generalmente son adolescentes confundidos para quienes su único referente son la moda del momento y las redes virtuales. Son adolescentes muy solitarios”, explica.

Por ello, precisa, estas prácticas sólo pueden sostenerse dentro del mundo de adultos con criterio. Por ejemplo, en el caso de una pareja, que obligados por una separación por trabajo puedan recurrir al sexting para mantener vivo el erotismo en su relación. Pero sin abusar.

El doctor Christian Thomas, director del Centro de Estudio de Sexualidad Chile (CESCh) explica: “Una foto erótica y un nick actúan como un antifaz en una fiesta: la doble vida es muy característica de los chilenos… He tenido pacientes que tienen idilios casanovescos por mucho tiempo con otras mujeres y en su vida diaria ni tocan a sus esposas. Pacientes que se masturban tres veces a la semana por chat y no han tocado a su pareja en un mes”, explica.

Para los adultos, el sexting puede salvar situaciones y ayudar a erotizar a una pareja -que por falta de tiempo o distancias vaya preparando su encuentro de fin de semana.

“A veces la mujer manda a su pareja una foto que se sacó por debajo de la falda y él en respuesta le muestra el pecho o sus genitales y van potenciando una relación erótica. Sólo hay que tener cuidado que esas fotos no caigan en otras manos como algunas veces ocurre y con muy mal resultado”, advierte.

Alexito, en el messenger, tiene de 19 años (…) Estudia Ingeniería Comercial en una universidad privada y confiesa que no tiene novia, pero sí sexo ocasional.

Según él, graba todos los encuentros. Vive pendiente de su teléfono. En la sala de clases sostiene con una mano el celular y con la otra escribe la materia.

Llega a mandar hasta treinta mensajes de texto diarios. Confiesa que tiene el registro de todas sus parejas sexuales.

Explica que esta técnica la utiliza para perfeccionarse en el sexo: su propio corto pornográfico que repasa una y otra vez para ver si falla en los movimientos mientras satisface a una chica. Pero el contenido de su celular siempre, siempre lo revela a sus amigos.

Alex confiesa que graba sin consulta previa y que las niñas-víctimas abandonan la cama sin saber que quedaron inmortalizadas en su teléfono.

Paulo Pereira, subcomisario de la Brigada de Cibercrimen de Investigaciones, señala que esta moda entre los escolares chilenos empezó hace un par de años y puede viajar de la forma más naif: la niñita que se hace una foto en tanga para el pololo del colegio y cae en otras manos.

“Por ejemplo, ¿qué pasa si le toman una foto a un escolar en el camarín de su colegio y ésta se empieza a distribuir entre sus compañeros? Estos casos se transforman en bullying porque se está provocando un menoscabo hacia el niño, y si sumado a eso el niño posa para la foto, esta imagen pasa a ser inmediatamente material pornográfico infantil”, aclara.

Toothing: Este procedimiento consiste en dejar el bluetooth encendido para ver quiénes están conectados a menos de diez metros de distancia. Se dice que en España e Inglaterra aún es usada esta técnica poco conocida para encontrar fugaces parejas sexuales.

Upskirting: Fotografiar debajo de las faldas de las mujeres en lugares públicos para luego publicar y hasta intercambiar las imágenes con verdaderos adeptos al voyeurismo. Es una moda que roza con la pornografía infantil cuando se capturan las imágenes de escolares. La inescrupulosa moda se originó en países como Japón, Estados Unidos y España y ya ha llegado a Chile.

Fuente: La Nación

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